Quería quedarme en Los Andes
Mi familia comercializaba fruta: uvas de mesa, duraznos, después cebollas. Yo quería tierra y una vida ahí, así que entré a estudiar Geología pensando en minería. Mi papá me dijo que no: sin terreno, con crisis de agua, iba a trabajar toda mi vida.
Duré un año peleando con física y química. Era el segundo más porro del curso y llevaba matemáticas en rojo. Me cambié a Ingeniería Comercial y llegué a Santiago. En 2016 cofundé un movimiento estudiantil en la universidad; en 2018 terminé presidiendo el centro de alumnos.





























