
Quince minutos para contar diez años
En TEDxVitacura hablé de conectar con la gente. Lo que más me costó no fue subir al escenario: fue decidir qué dejaba fuera.

Un bloque de quince minutos
Fui el noveno de veinte expositores, en el bloque de la una y media de la tarde.
Ese dato importa más de lo que parece. A esa hora el público lleva varias charlas encima y viene de almorzar. No estás compitiendo con otros oradores: estás compitiendo con el cansancio de una sala que ya recibió mucha información.
El título fue “El poder de conectar con la gente”. Y la parte difícil de prepararla no tuvo nada que ver con hablar en público.
El problema real: qué dejas fuera
Tenía diez años de cosas que contar y quince minutos.
La primera versión de la charla era un resumen de trayectoria: la cervecería, el estallido, Kellun, los premios, el pivote, GoodPlayers. Ordenado, completo y absolutamente olvidable.
El error es de formato. Un recorrido cronológico informa y no queda. La gente no se lleva una secuencia; se lleva una idea, y como mucho una.
Así que la pregunta dejó de ser qué cuento y pasó a ser cuál es la única cosa que quiero que alguien recuerde el martes. Todo lo que no servía para eso se cayó, incluidos varios pedazos de los que estaba orgulloso.
Lo que se cae primero, y duele
Se caen los premios.
Un reconocimiento es interesante para quien lo ganó y no aporta nada a quien escucha. Nadie cambia de opinión sobre nada porque tú hayas ganado algo. En cambio, sí presta atención cuando cuentas algo que te salió mal, porque eso sí le sirve.
También se caen los números que necesitan contexto. Si tengo que explicar tres cosas antes de que una cifra signifique algo, esa cifra no entra en quince minutos.
Nadie recuerda tu recorrido. Recuerdan una idea, y solo si se la dejaste clara y sola.
Lo que descubrí ensayando
Que hablo distinto cuando cuento una escena que cuando explico un concepto. En la escena el ritmo es natural; en el concepto me pongo a recitar.
Por eso la estructura que terminó funcionando fue empezar por una escena concreta y sacar la idea de ahí, en vez de enunciar la idea y después ilustrarla. Es exactamente al revés de como uno arma una presentación de negocio.
Lo uso hasta hoy en reuniones comerciales. Abrir con “un cliente nos llamó un viernes a las seis” funciona mucho mejor que abrir con “la gestión de impacto es compleja”, y no es un truco: es que la segunda frase le pide al otro que confíe en una abstracción antes de tener motivo.
Lo que no supe aprovechar
No preparé qué hacer después.
Una charla así te da visibilidad durante unas semanas y yo no tenía listo a dónde mandar a quien quedara interesado. Ni una página, ni una forma clara de seguir la conversación.
Es el mismo error que cometí con los premios: tratar el hito como el final y no como el principio de algo. Si vuelvo a subirme a un escenario, lo primero que preparo no es la charla, es qué pasa con quien baja del auditorio queriendo hablar conmigo.
Cómo preparo una charla ahora
- Escribo la única frase que quiero que recuerden el martes siguiente.
- Elimino todo lo que no sostenga esa frase, empezando por los premios.
- Abro con una escena concreta, no con el contexto.
- Dejo listo, antes de la charla, a dónde mando a quien quede interesado.
TEDxVitacura fue el 6 de agosto de 2024, en Zoco La Dehesa.
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