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Usaron nuestra plataforma para algo que no habíamos diseñado

Cuatro compañeros de la UDD organizaron el rescate de una familia afgana y recaudaron con Kellun. Ahí entendí para qué servía lo que habíamos construido.

Lo que pasó, y lo que no hicimos nosotros

El 15 de agosto de 2021 los talibanes entraron en Kabul. Al día siguiente, Joaquín González, estudiante de Ingeniería en la UDD, vio la noticia y escribió a sus compañeros afganos de la red de estudiantes de Babson.

Fatema Jalaly le respondió que su vida, sus sueños y su carrera acababan de morir.

Joaquín armó un grupo con Magdalena Irribarren, Nicolás Castellón y Felipe Sanzana, y se pusieron a sacarla de ahí. Necesitaban plata para pasajes de avión y visas a India, y usaron Kellun para recaudarla.

Quiero ser preciso porque es fácil colgarse de una historia así: nosotros no organizamos ese rescate. No hablamos con la cancillería, no gestionamos visas, no encontramos la ruta. Lo hicieron ellos. Nosotros habíamos construido la herramienta con la que juntaron el dinero.

Fatema y su marido Ali llegaron a Chile el 17 de septiembre de 2021, después de cruzar a Herat, entrar a Irán y pasar por Doha y São Paulo. Una inmobiliaria les dio un año de vivienda.

Por qué esto me marcó más que cualquier premio

Habíamos diseñado Kellun pensando en campañas de fundaciones chilenas: colectas, voluntariado, causas locales. Nunca se nos ocurrió que alguien la usaría para financiar una evacuación desde Afganistán.

Y esa es exactamente la señal que uno busca sin saber que la busca. Cuando alguien usa tu producto para algo que no estaba en tu cabeza, es que resolviste un problema más general del que creías.

Nosotros pensábamos que estábamos resolviendo “cómo dono a una causa”. Lo que en realidad habíamos resuelto era algo más básico: cómo un grupo de personas sin estructura legal, sin cuenta corriente común y sin experiencia junta plata rápido para algo urgente y le rinde cuentas a quien aportó.

Ese problema es mucho más grande que el voluntariado.

Si nadie usa tu producto de una forma que no imaginaste, probablemente lo hiciste demasiado específico.

Lo que hice mal después

No investigué ese uso. Lo celebré, lo conté, y seguí trabajando en el plan que ya tenía.

Ese es un error caro y bastante común. Cuando aparece un uso inesperado, la reacción natural es tratarlo como una anécdota bonita. Lo correcto es tratarlo como una hipótesis: llamar a esas cuatro personas, preguntarles qué les costó, qué faltaba, qué hicieron por fuera de la plataforma.

Si lo hubiera hecho, probablemente habría encontrado antes lo que descubrí dos años después: que el que tiene presupuesto y necesidad recurrente de esto no es la persona que dona, sino la organización que coordina.

El detalle que más me enseñó

Lo que hizo que funcionara no fue la tecnología. Fue que había cuatro personas dispuestas a hacer llamadas incómodas durante un mes.

La plataforma resolvió una parte real —recaudar y ordenar— y ni una sola de las partes difíciles. Las visas, la ruta, los contactos, la vivienda: todo eso fueron personas.

Me sirve de recordatorio permanente cuando vendo software de impacto. La herramienta multiplica a quien ya está haciendo el trabajo. No lo reemplaza, y prometer que lo reemplaza es la forma más rápida de perder credibilidad con alguien que sí está en terreno.

Qué hago hoy cuando aparece un uso raro

  1. Llamo a quien lo usó así, dentro de la primera semana.
  2. Pregunto qué tuvo que hacer por fuera del producto para que funcionara.
  3. Miro si ese uso se repite o fue una vez. Una vez es una anécdota; tres veces es un mercado.
  4. Decido explícitamente si lo persigo o no, y lo escribo. Lo que no se decide, se olvida.

El rescate lo organizaron Joaquín González, Magdalena Irribarren, Nicolás Castellón y Felipe Sanzana, de Ingeniería UDD. Kellun fue la herramienta con la que recaudaron.

¿Este es tu problema ahora?

30 minutos, sin costo. Si no puedo ayudarte, te lo digo en esa misma llamada.

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