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Por qué nos cuesta decir «hola».

La charla que llevé a TEDxVitacura en 2024: qué se pierde en ese silencio y las 3 cosas con las que se conecta con cualquiera.

TEDxVitacura, agosto de 2024, fotografía de Tomás Ffrench-Davis.
TEDxVitacura, agosto de 2024

El silencio que se paga

En un ascensor, en una sala de espera, en una conferencia. Está la persona al lado, hay algo que decir, y no se dice. El costo no se ve porque es una conversación que no ocurrió.

Ese es exactamente el problema de esta idea: no hay forma de medirla. Nadie puede contar los clientes que no consiguió, los socios que no conoció ni las invitaciones que no llegaron. Como el costo es invisible, la decisión de callarse nunca parece una decisión. Parece que no pasó nada.

Lo que frena casi nunca es la timidez. Es calcular el ridículo antes de calcular lo que se gana, y ese cálculo siempre sale a favor de callarse.

Sale a favor porque las 2 cosas que compara no son comparables. El ridículo es inmediato, concreto y ocurre delante de alguien. Lo que se gana es incierto, futuro y puede no ocurrir. Cualquier persona razonable, con esos 2 datos sobre la mesa, se queda callada. No es un defecto de carácter: es una cuenta mal planteada.

Las 3 cosas

El saludo. No una frase brillante: un saludo. La barrera es empezar, no seguir.

La búsqueda de la frase brillante es lo que mantiene a la gente callada. Mientras la buscas, la persona se baja del ascensor. Y cuando la encuentras suele ser peor que un hola, porque llega con esfuerzo encima y se nota.

El contexto. Algo que los 2 estén viviendo en ese momento. Sirve porque es verdad y porque no obliga a nadie.

Lo de «no obliga a nadie» es la parte técnica. Una pregunta sobre el contexto compartido se puede responder con una frase y cerrar sin que nadie quede mal. Eso es lo que la hace fácil de aceptar: la otra persona sabe, sin que se lo digas, que puede salir cuando quiera.

La empatía. Preguntar y escuchar la respuesta entera. La mayoría de las conversaciones se caen aquí, no al principio.

Se caen porque escuchamos preparando la siguiente frase. Se nota siempre. La señal más clara de que alguien no está escuchando es que su respuesta empieza antes de que termines, y la conversación se convierte en 2 personas turnándose para hablar solas.

Nadie se arrepiente de haber saludado. De no hacerlo, todo el rato.

Dónde lo he visto funcionar

Casi todo lo que me pasó en 15 años empezó en una conversación que podría no haber ocurrido. Un socio, un cliente, una invitación a un escenario.

Y ninguna de ellas se veía importante mientras ocurría. Esa es la parte que no se puede planificar: en el momento no hay forma de saber cuál de las 20 conversaciones de esta semana es la que va a importar dentro de 3 años. Lo único que se puede decidir es cuántas hay.

No es una técnica de ventas. Es que el trabajo comercial es, casi entero, empezar conversaciones con gente que no te debe nada.

Cuando lo entiendes así, el trabajo cambia de forma. Deja de ser convencer y pasa a ser abrir y descartar rápido. Y descartar rápido solo se puede si abriste muchas.

Hay un detalle que cambia el resultado más que cualquier otra cosa: no ir a buscar nada. La conversación que empieza con un objetivo encima se nota en la segunda frase, y lo que produce es que la otra persona se cierre exactamente igual que se cerraría contigo.

Las que sirvieron empezaron sin propósito. Alguien al lado, un rato de espera, una pregunta. Lo que vino después vino meses más tarde y por caminos que no se podían planificar desde ahí.

Esa es la parte incómoda de esta idea para quien busca un método: no hay forma de dirigirla. Solo se puede aumentar la cantidad y aceptar que la mayoría no lleva a ninguna parte.

Qué no es

No es hablar mucho ni caer bien. Conozco vendedores muy simpáticos que no cierran, y personas calladas que abren puertas porque preguntan bien.

La simpatía sin preguntas produce reuniones agradables que no avanzan. Es un resultado peor que una reunión incómoda, porque la incómoda te dice enseguida que no hay nada y la agradable te hace volver 3 veces.

Y no arregla un producto que no sirve. Solo hace que te enteres antes de que no sirve.

Que es, de todas formas, el mayor beneficio de los 3. Enterarse antes vale más que casi cualquier otra cosa, porque todo lo demás que puedes hacer con esa información depende de tener tiempo para hacerlo.

Cómo se practica sin que sea una técnica

Poniéndose un número, no un guion. Una conversación al día con alguien con quien no tenías que hablar. El número obliga y el guion estorba.

Empezando por sitios de bajo costo. Una fila, un café, un evento donde no conoces a nadie y no te juegas nada. La habilidad es la misma que necesitas en una reunión con un cliente, y ahí sí te juegas algo.

Y aceptando que una parte va a salir mal. Va a haber respuestas cortas, gente que no quiere hablar y silencios raros. Eso no es el fracaso del método: es el costo normal de la única alternativa que existe a quedarse callado.

Qué hacer cuando la otra persona no quiere hablar

Va a pasar y conviene decidir antes qué significa. Una respuesta corta, un «sí» seco, alguien que vuelve a mirar el teléfono. La lectura automática es que hiciste algo mal, y casi nunca es eso.

La mayoría de las veces la persona está cansada, va tarde, está pensando en otra cosa o simplemente no le apetece hablar hoy. Nada de eso tiene que ver contigo, y sin embargo el cerebro lo archiva como un rechazo personal y lo usa de argumento la próxima vez.

Lo que hago es cerrar bien y sin insistir. Una frase que le devuelva el espacio, y ya está. Insistir después de una señal clara es lo único que convierte una interacción neutra en una incómoda, y es lo que la gente recuerda de las conversaciones que salen mal.

La cuenta que importa no es cuántas salen bien, es cuántas abres. Si de 10 conversaciones 7 se quedan en un saludo, las 3 restantes ya son 3 más de las que tenías. En cambio, si por evitar las 7 no abres ninguna, el resultado es cero y encima parece que no perdiste nada.

Y hay algo que solo se aprende repitiendo: el ridículo que uno calcula por adelantado casi nunca ocurre. Lo que ocurre es una respuesta breve y la vida sigue igual 30 segundos después. El miedo es a un acontecimiento que en la práctica no sucede.

Las 3 cosas, en orden

  1. Saluda. No busques la frase brillante: la barrera es empezar.
  2. Usa el contexto que los 2 están viviendo en ese momento.
  3. Pregunta y escucha la respuesta entera, sin preparar la siguiente frase.

La charla se dio en TEDxVitacura en agosto de 2024. Ver los temas y formatos · Ver la ficha del escenario

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