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Valparaíso ardía y la ayuda no llegaba ordenada

Movilizamos 33 empresas en dos meses. El problema nunca fue que la gente no quisiera ayudar: fue que nadie sabía qué hacía falta, dónde, y en qué momento.

Lo que pasa las primeras cuarenta y ocho horas

En una emergencia, la oferta de ayuda no escasea. Sobra.

Aparecen decenas de empresas que quieren aportar, cada una llamando por su lado, cada una preguntando lo mismo a los mismos municipios saturados. Y del otro lado hay organizaciones en terreno que no tienen a nadie disponible para contestar el teléfono, porque están trabajando.

Ese desajuste es el problema real, y no es de generosidad. Es un problema de coordinación, y se ve exactamente igual en una emergencia que en una cadena de suministro.

Lo que hicimos fue ponernos en el medio: recibir lo que cada empresa podía dar, entender qué se necesitaba de verdad, y cruzarlo.

Por qué “qué necesitan” es la pregunta difícil

Suena obvio preguntarle a la gente qué necesita. En la práctica, la respuesta cambia cada doce horas y casi nunca coincide con lo que uno imagina.

Los primeros días se pide agua, ropa y colchones. A la semana ya no se necesita ropa y sí herramientas, materiales de construcción y, sobre todo, cosas mucho menos fotogénicas: turnos de gente, transporte, horas de profesionales.

El error clásico es donar lo que uno quiere donar. Termina llegando ropa a un centro de acopio que ya no da abasto con la ropa, mientras falta un camión.

Por eso el trabajo no era conseguir donaciones. Era traducir una necesidad cambiante a una oferta concreta, y volver a hacerlo cada pocos días.

Lo que una empresa puede dar y no sabe

Cuando le preguntas a una empresa qué puede aportar, casi siempre responde dinero o productos.

Lo más útil suele ser otra cosa: su logística, sus locales, su gente. Un mall tiene estacionamiento y flujo, y sirve como punto de acopio mejor que cualquier bodega arrendada. Una empresa de transporte puede mover en una tarde lo que a una fundación le costaría una semana.

Ese fue el aprendizaje operativo más fuerte de esos dos meses: la donación más valiosa de una empresa normalmente no es plata, es una capacidad que ya tiene montada y que le cuesta poco prestar.

La pregunta no es cuánto puedes donar. Es qué tienes montado que a nosotros nos tomaría meses construir.

El costo de improvisar

Todo esto lo armamos sobre la marcha, y esa es la parte que no repetiría.

Improvisar en una emergencia es inevitable la primera vez y muy caro. Se gasta la mitad del tiempo en cosas que se podrían haber decidido antes con calma: quién habla con quién, cómo se registra una entrega, qué se hace cuando dos organizaciones piden lo mismo.

Lo que sí quedó fue el aprendizaje de que la coordinación tiene que existir antes del incendio. Una red que se arma el día de la catástrofe funciona a la mitad de su capacidad, y esa mitad se paga en tiempo de gente que estaba esperando.

Lo que se puede preparar en tiempo de paz

No hay que montar una operación de emergencia permanente. Hay que dejar decidido de antemano lo que en el momento no se puede decidir bien.

Quién es el contacto de cada empresa aliada, con nombre y teléfono. Qué puede aportar cada una en concreto, escrito antes. Y una forma acordada de registrar lo que se entrega, para que a la semana siguiente alguien pueda responder qué llegó y a dónde.

Eso son tres tardes de trabajo en un mes tranquilo. En febrero valen semanas.

Cinco cosas que dejaría listas antes de la próxima

  1. Un contacto con nombre y teléfono por cada empresa aliada, no un correo genérico.
  2. Qué capacidad concreta aporta cada una: bodega, transporte, locales, horas de su gente.
  3. Un formato único para registrar entregas, aunque sea una planilla.
  4. Un criterio para decir que no, porque va a hacer falta.
  5. Quién habla con los municipios, y que sea una sola persona.

Los incendios de la Región de Valparaíso fueron en febrero de 2024. La cobertura de DF MAS de esos días recogió el portal de ayuda y los puntos de acopio.

¿Este es tu problema ahora?

30 minutos, sin costo. Si no puedo ayudarte, te lo digo en esa misma llamada.

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